En reciente sentencia, la Corte Suprema de Justicia reiteró que el propietario y/o tenedor de un canino debe responder por los daños ocasionados por su mascota a un tercero, sin importar que la agresión se de en un lugar público o privado, dada su posición de garante.

Para la Corte, el custodio de un perro deberá responder por aquellos resultados lesivos que genere el animal, por infringir los deberes de cuidado y vigilancia que le impone su condición de garante del mismo y en atención al principio de solidaridad que pregona un estado social de derecho, al no adoptar las medidas de precaución pertinentes y dejar de actuar con diligencia y cuidado.

Perros potencialmente peligrosos

Consideramos que esta sentencia cobra importante valor porque no se limita al tema de la responsabilidad, sino que reseña un pronunciamiento de la Corte Constitucional, en relación con la definición de perros potencialmente peligrosos, la cual indica que para tal definición, el comportamiento del canino es el elemento más importante para considerarlo o no una amenaza, aun por encima de su raza.

Señala la sentencia expresamente:

“Tocante con la definición de «perro potencialmente peligroso», el Alto Tribunal Constitucional ha señalado que la mayoría de regulaciones establecen el comportamiento del canino como el elemento más importante para considerarlo o no una amenaza, sin importar su raza. Así, es «potencialmente peligroso» cuando

“(…) es entrenado para la pelea; cuando ataca de manera agresiva; cuando inflige lesiones graves o mata a un ser humano en propiedad pública o privada; cuando daña o mata a un animal doméstico, que puede incluir ganado, mientras está fuera de la propiedad del tenedor; y cuando sin ser provocado acorrala o amenaza a una persona en aparente actitud de ataque (…)”

Como puede concluirse entonces, la Corte Constitucional, según lo reseña esta sentencia, ha incluido un elemento adicional a los ya establecidos en el pasado por la ley 746 de 2002 y ahora el Código Nacional de Policía, al considerar que un canino se debe considerar potencialmente peligroso cuando “sin ser provocado acorrala o amenaza a una persona en aparente actitud de ataque”.